jueves, 14 de agosto de 2008

Mario Benedetti-Vivir adrede


Ausencia

Las cosas que nos falta, cuántas cosas. Las que quedaron en el camino o nunca accedieron a él. Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de las ausencias.


Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados.

Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria. Ellos nos cuentan su impiadosa sobrevida, aunque, eso sí, marcando siempre su territorio, que es sólo invierno.

Su exilio tan pasivo, tan inerte no está consolidado. Con su martirio, nos martirizamos, quizás porque sabemos que todo eso acaba en un opaco despertar. Viene entonces la fase de ojos abiertos, también llamada de insomnio. Allá arriba está el cielo raso, con la araña siempre en su rincón de redes.

Nos faltan manos para acariciar, labios para besar, cintura para estrechar, cuerpo que penetrar. Todo es ausencia.

No hay comentarios: