
Querido padre:
...No hace mucho me preguntaste por qué yo afirmaba que te temía. Como es habitual, no supe qué decir, en parte por ese miedo y en parte porque la fundamentación de ese temor necesita demasiados detalles como para que yo pueda exponerlos en una conversación...
...Es curioso, pero intuyo que tienes una pobre noción de lo que quiero decir. Hace poco me dijiste: "Yo te quise siempre, por más que en apariencia no haya sido como los otros padres; es que no soy un hipócrita como ellos." Padre, nunca he dudado de tu bondad hacia mí, sin embargo considero que no es correcto lo que dices.
Es cierto, no eres un hipócrita, pero sostener sólo por ese motivo que otros padres lo son, es mera porfía que no da lugar a debate alguno, o –y esto es lo que realmente sucede—se trata de la enmascarada expresión de que algo anda mal entre nosotros, situación que tú también la has provocado, aunque sin culpa…
…De ahí que el mundo se dividiese para mí en tres partes; en la primera vivía yo, el esclavo, bajo unas leyes creadas exclusivamente para mí y a las que; por añadidura, sin saber por qué, nunca podía obedecer del todo; luego, en un segundo mundo, a una distancia infinita del mío, vivías tú, ocupado en el gobierno, en dar órdenes y en enfurecérte cuando no eran cumplidas, y finalmente había un tercer mundo donde vivía el resto de la gente, felices y libres de la órdenes y de obediencia…

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