viernes, 19 de marzo de 2010

Oscar Wilde - The Profundis

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Viendo el lamentable panorama televisivo que nos ofrecen algunas cadenas, en las que todo se vende, todo vale para airear miserias, encuentros, divorcios, separaciones, tendencias sexuales… Donde se invade la privacidad de muchas personas, teniendo como vehículo expresivo toda una suerte de “personajillos” sin más mérito que tener a veces un buen físico y/o la lengua bien larga, recordé parte de una hermosa carta.

Es la que escribió Oscar Wilde a su amante Alfred Douglas, desde la prisión de Reading, en la que cumplía condena por comportamiento indecente y sodomía. Esta epístola no fue publicada al completo hasta muchos años después de su muerte.

Es curioso que a pesar de ser vejado, seguía pensando que ciertos asuntos debían arreglarse de puertas para adentro, como debe ser.


“Tu pelea con tu padre, se interprete como se interprete, también es obvio que debería haber quedado enteramente entre vosotros dos. Debería haber sido en el patio de atrás. Creo que es ahí donde se suelen hacer. Tu error fue insistir en representarla como una trágico-media sobre un estrado de la Historia, con el mundo entero como auditorio, y yo como premio para el vencedor de la despreciable contienda. El que tu padre te aborreciera y tú aborrecieras a tu padre no le interesaba nada al público inglés.

Esos sentimientos son muy corrientes en la vida doméstica inglesa, y no deberían salir del lugar que caracterizan: el hogar. Lejos del círculo hogareño no pintan nada. Traducirlos es una tropelía. La vida familiar no es una bandera roja para flamearla por las calles, ni un clarín para hacerlo sonar por los tejados. Tú sacaste la Domesticidad de su esfera, como a ti mismo te habías sacado de tu esfera. Y los que se salen de su esfera cambian sólo de entorno, no de naturaleza. No adquieren los pensamientos ni las pasiones propias de la esfera a la que pasan.
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No está en su mano hacerlo”.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Está claro que el sentido común es el menos común de los sentidos, y el buen de Wilde, lo sabía más allá de cualquier duda.

Besos.