Lo escribe en los cristales con su dedo levísimo,
lo dibuja en los círculos crecientes sobre el agua,
lo susurra despacio en la arena, en las hojas.
Y cuando se ha marchado, aún lo sigue diciendo,
en esa intimidad silenciosa que deja.
Para eso sirve el tiempo:
para que al fin comprendas todo lo que alguien dice
para que al fin comprendas todo lo que alguien dice
con la voz de la lluvia.

