A propósito del fragmento de la entrada anterior, y tal como dice Mario Benedetti, todos tenemos a lo largo de nuestra vida nuestros pormenores que pueden convertirse en pormayores.Esos que nos llevan a pensar, a meditar, a interiorizar situaciones para poder de alguna manera digerir nuestros exitos o fracasos, nuestras miserias, encontrar la senda adecuada, porque estamos perdidos emocionalmente.
¿Pero que deseamos realmente cuando “sentimos hacia dentro"? Cuando profundizamos en nuestros sentimientos más dolorosos, porque de los alegres nos ocupamos bastante menos.
Puede que en algunas ocasiones queramos personas, circunstancias nuevas, pero en otras lo que desearíamos es que el tiempo, el espacio, de mi milímetro existencial no se hubiera perturbado un sólo segundo, porque los hechos cambiaron, sí, pero con grandes desgarros de nuestra esencia.
Como nada o muy poco podemos alterar, porque a veces no depende de nosotros, entonces recurrimos a pensar en el tiempo, como ese ungüento mágico que sana todas las heridas, que formula coartadas a la conformidad.
Pero lamentablemente no siempre es así, el tiempo hace su tarea en algunas ocasiones, pone visillos, atenúa la luz de las reminiscencias que nos apenan, pero no siempre conseguimos curarnos de las enfermedades del alma.
Hay cicatrices, recuerdos, personas, que marcan toda tu vida. Como ocurre con las “ausencias” de los seres queridos, o cuando arrancamos a alguien de nuestros adentros, la enterramos en vida, a pesar de saber, que fue tu Yan, que hiciste tu Universo, y que sin ella sólo hay un gran vacío, en el que mueves como en una cuerda floja, agazapada en la espera de nuevos días.
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Pero aunque la nostalgia, las marcas queden, el dolor pasa, porque la vida...continúa.
-----------------------------------------------------------------ANE KUMENÉ










