
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña Muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza.
Pequeña Muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

2 comentarios:
Morir y nacer en cada abrazo, en cada beso y en cada mirada, es el objetivo del amor, supongo.
Un besazo,
P.
Es una buena suposición Albatros. Morir/se y re/nacerse en cada abrazo en cada beso.
La cuestión es, si esto perdura o como dice Galeano, “el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo”.
¿Permanece siempre esa “Pequeña Muerte”?
Un beso
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