domingo, 28 de junio de 2009

Tres caballos

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"Leo libros usados porque las páginas muy hojeadas y manoseadas pesan más en los ojos, cada ejemplar de un libro puede pertenecer a muchas vidas y los libros no tendrían que quedar vigilados en los lugares públicos, sino trasladarse con los caminantes que los llevan consigo por un tiempo y que como ellos tendrían que morir extenuados a achaques, infectados, ahogados tras lanzarse desde un puente con los suicidas, metidos en una estufa en pleno invierno, destripados por los niños para hacer barquitos, tendrían que morir de cualquier forma menos de aburrimiento y propiedad privada, condenados a una estantería de por vida."
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Erri De Luca

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No voy a engañarte, me gusta comprar libros nuevos, pero reconozco que tener libros que han pasado por otras manos tiene un encanto especial, sobre todo cuando ese alguien te es cercano o cuando ha dejado una huella en él, lo ha subrayyado, ha escrito un comentario, tiene una dedicatoria o, oh maravilla, ha dejado olvidado un papel o incluso una flor seca entre sus páginas...

Es la magia del papel, del libro de siempre, su olor, su colos que amarillea, el sonido más suave de sus páginas..., supongo que en unos años irán dejando espacio a los e-books u otros soportes (qué palabra tan horrible) pero siempre serán parte de nosotros.

Besos.

La Bestia Políglota dijo...

Parecería que tanto un libro nuevo cuanto uno viejo tienen el mismo valor literario, pero... los usados tienen el plus de haber palpitado con las mentes y los corazones de sus anteriores lectores (para hablar de sensaciones) y como dice Caminante, tienen, a veces, el análisis escrito de palabras o párrafos de aquellos eventuales viajeros que se trasladaron con su lectura. Supongo que la profecía de Farenheit 451 no se verá cumplida y los libros en papel existirán por siempre, si el ser humano quiere y hace lo posible para mantener las fuentes de celulosa. Besos lluviané. Beto

CRISTINA dijo...

A veces un libro usado me da como "mal rollo", no sé...es como pensar en que alguién dejó escapar ese libro, que lo perdió. O peor, que su dueño desapareció, que murió, que alguién cogió sus cosas, sus libros y luego se deshizo de todo...
Son paranoias mías, tampoco hay que hacerme mucho caso.

En cambio, tal y como dice Caminante, cuando un libro usado viene de alguién que conoces, que te lo ha dejado o regalado, después de haberlo tenido y disfrutado, entonces es otra cosa. Es como un punto de unión entre la otra persona y uno, es compartir, nada más y nada menos que un libro.

Besos, Lluviané

Oz Vega dijo...

Wow....
protejo tanto los mios que ahora me siento mal... como siendo sacrilegamente egoista....
besitos.

Lluviané dijo...

Desde luego en eso soy un poco fetichista, los quiero de papel, de hecho cuando encuentro algo en la red, soy incapaz de leer más allá de 4 o 5 páginas seguidas.

Besos

La Bestia Políglota-me sumo a lo que dices los libros usados tienen esa especie de plus de emociones que se pueden reflejar en una nota al margen, al pié…

Ojalá siempre existan los libros de papel y que jamás tengan que ser memorizados para que no ardan a esos 451º Fahrenheit en esa sociedad perversa en la que leer producía infelicidad, o que como apuntas seamos capaces de ser respetuosos con el medio ambiente, y vayamos repoblando para que jamás falte celulosa.

Un beso

Cristina- no me dan especialmente “yuyu” los usados, pero es cierto que si conoces a la dueña o dueño del libro es mejor.

Me parece que todos hemos experimentado esa sensación cuando un alguien nos prestó un libro y vimos anotados parte de su pensar en él. Resulta al menos curioso.

Un beso

Oz vega-verás también cuido mucho mis libros. Y aunque los presto ( y me prestan) con toda naturalidad, ya que leer resulta caro, lo cierto es que siempre pido que me los devuelvan y si no es así relato bastante.

Ahora bien, estoy con el fragmento, “tendrían que morir de cualquier forma menos de aburrimiento y propiedad privada, condenados a una estantería de por vida."

No entiendo a la gente que compra libros de “adorno”

Un besico