domingo, 2 de mayo de 2010

Silvina Ocampo - Retratos apócrifos

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"Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día; es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva que en lugar de disminuir los detalles los agranda. Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida. Envejecer transforma a una víctima en victimario. Siempre pensé que las edades son todas crueles, y que se compensan o tendrían que compensarse las unas con las otras.

¿De qué me sirvió pensar de este modo? Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse sólo con los despojos de la juventud. Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios, una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón. Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez es un disfraz con aditamentos inútiles. Si los viejos parecen disfrazados, los niños también. Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta ser viejo porque nadie sabe serlo, como un árbol o como una piedra preciosa.

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas. No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente. Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar, porque todo lo que hago lo hago doblemente. El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece que lo que quedó atrás tiene más realidad para reducir el presente a un interesante precipicio. "
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lunes, 22 de marzo de 2010

Alejandro Jodorowsky

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El agua calma la sed
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----------------------El pan calma el hambre -
- ¿Qué puede calmar
a un alma convertida en peso?
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Piedras del Camino

sábado, 20 de marzo de 2010

Eneko

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Quiero ser libre para comunicar, para recibir, para dar...como esta paloma que nos regaló Eneko para todos...

viernes, 19 de marzo de 2010

Oscar Wilde - The Profundis

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Viendo el lamentable panorama televisivo que nos ofrecen algunas cadenas, en las que todo se vende, todo vale para airear miserias, encuentros, divorcios, separaciones, tendencias sexuales… Donde se invade la privacidad de muchas personas, teniendo como vehículo expresivo toda una suerte de “personajillos” sin más mérito que tener a veces un buen físico y/o la lengua bien larga, recordé parte de una hermosa carta.

Es la que escribió Oscar Wilde a su amante Alfred Douglas, desde la prisión de Reading, en la que cumplía condena por comportamiento indecente y sodomía. Esta epístola no fue publicada al completo hasta muchos años después de su muerte.

Es curioso que a pesar de ser vejado, seguía pensando que ciertos asuntos debían arreglarse de puertas para adentro, como debe ser.


“Tu pelea con tu padre, se interprete como se interprete, también es obvio que debería haber quedado enteramente entre vosotros dos. Debería haber sido en el patio de atrás. Creo que es ahí donde se suelen hacer. Tu error fue insistir en representarla como una trágico-media sobre un estrado de la Historia, con el mundo entero como auditorio, y yo como premio para el vencedor de la despreciable contienda. El que tu padre te aborreciera y tú aborrecieras a tu padre no le interesaba nada al público inglés.

Esos sentimientos son muy corrientes en la vida doméstica inglesa, y no deberían salir del lugar que caracterizan: el hogar. Lejos del círculo hogareño no pintan nada. Traducirlos es una tropelía. La vida familiar no es una bandera roja para flamearla por las calles, ni un clarín para hacerlo sonar por los tejados. Tú sacaste la Domesticidad de su esfera, como a ti mismo te habías sacado de tu esfera. Y los que se salen de su esfera cambian sólo de entorno, no de naturaleza. No adquieren los pensamientos ni las pasiones propias de la esfera a la que pasan.
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No está en su mano hacerlo”.
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viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes, un grande...

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Leí en la prensa que había preparado el siguiente obituario pleno de lucidez y creo, de respeto hacia las palabras.

"Aunque viví hasta el año dos mil..., el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica La Luz. Esto es, los últimos años literarios no le sirvieron de nada"

Hoy lamentablemente, ya podemos completar esos puntos suspensivos, y como siempre, volvemos a consolarnos de esta gran pérdida con su magnífico trabajo, del cual he leído bastante. De todo él, el libro que más me gustó, emocionó hasta las lágrimas, fue “El hereje”.

He elegido los siguientes fragmentos, porque es cuando el protagonista de la historia, va acercándose a la Reforma, y por ello, a un cambio radical para su vida y forma de pensar.
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“Día a día, Cipriano comprobaba la fragilidad del Doctor, su hipocondría y, al propio tiempo, su agudeza, su admirable orden mental.”

“Y para Cipriano, el mero hecho de disponer para él solo de la palabra del gran predicador, venerado en la ciudad, constituía ya un motivo de engreimiento. Al propio tiempo, después de haber admitido la inexistencia del purgatorio, a Cipriano Salcedo poco le costaba ya aceptar la inutilidad del monjío como estado, el celibato sacerdotal o rechazar a los frailes fariseos. Cristo nunca impuso a los apóstoles la soltería. San Pedro, concretamente, era un hombre casado.”

“Análoga facilidad encontró para rechazar el culto a los santos, a las imágenes y a las reliquias, los diezmos mediante los cuales la Iglesia explotaba al pueblo y el sacerdocio institucional. O para asumir la comunión en las dos especies, lógica a la vista de los evangelios.”

“Tampoco se había cuestionado la confesión mental. Nunca había sentido aversión por descargar sus pecados en un confesionario pero hacerlo ahora directamente ante Nuestro Señor le dejaba más tranquilo y satisfecho.”

Solamente hubo una novedad con la que tropezó Cipriano:
La preterición de la misa. Por mucho que se esforzara no podía llegar a considerar el domingo como un día más de la semana. Si no asistía a misa, tal vez más por costumbre que por devoción, le parecía que le faltaba algo esencial.

Treinta y seis años cumpliendo con el precepto habían creado en él una segunda naturaleza. Se sentía incapaz de traicionarla. Se lo dijo así al Doctor quien, contrariamente a lo que esperaba no se enojó:
— Lo comprendo, hijo — le dijo— .
Asista a misa y rece por nosotros.
También yo me veo obligado a hacer cosas en las que no creo. A veces es incluso aconsejable seguir con las viejas prácticas para no despertar sospechas en el Santo Oficio. Algún día podremos sacar a la luz nuestra fe.
— ¿Tantos somos los nuevos cristianos, reverencia?

El rictus de amargura se acentuó en su boca, y, sin embargo, dijo:
—Mira, hijo. Si esperaran cuatro meses para perseguirnos seríamos tantos como ellos. Y si seis, podríamos hacer con ellos lo que ellos quieren hacer con nosotros.
A Cipriano le impresionó la respuesta del Doctor. ¿Pretendía insinuar que la mitad de la ciudad estaba contagiada por “la lepra”?
¿Quería decir que la gran masa de fieles que acudían a sus sermones comulgaban con la Reforma?