Una de las protagonistas una chica, casi una adolescente, seria, introvertida, y en algunos momentos rebosando amargura por tener que ejercer pese a sus pocos años la responsabilidad de sostener a una hermana pequeña y a su abuela tanto en lo económico como en el cuidado, no tiene apenas nada, así que su gran tesoro es esta caja.
La caja, está llena de pequeñas cositas que encuentra o que le regalan sin ningún valor económico, son trocitos de otras historias de la que parte la trama “la papeleta”, “la flecha” y “la caja”. Pero no hay nada de ella, nada, que pueda asociar a retazos de su vida. Quizás por eso cuando al final se desprende ella, comienza a vivir sus propios instantes, sus días, recobra la sonrisa.
-
Y es que al verla me recordó que casi todos nosotros vamos acumulando en cajas, cajoncitos, pequeñas cositas, sin cuantía, pero que tienen un enorme valor sentimental en nuestra vida. Quién no ha guardado alguna vez algún juguete, una carta, una flor, un libro que te regalaron, el primer disco que empezó a conformar la banda sonora de tu vida, una alianza, fotos, o esa cajita de música que ya no funciona de tantas veces como la abrimos y cerramos…
A veces los miramos y sonreímos, son tiempos felices los que vienen a nuestro recuerdo. Otras no ocurre así, nos embarga una profunda nostalgia del pasado que sin ser necesariamente mejor añoramos, nos sentimos apenados, miramos, acariciamos los objetos durante un largo rato. Después los colocamos en su sitio.
¿Por qué volvemos a guardar estos últimos a pesar de que nos hacen daño?
Será que, tal como decía “Caye” la protagonista de “Princesas” de Fernando L. Aranoa ...tener nostalgia no es malo, yo tengo nostalgia hasta de lo que no he vivido…

3 comentarios:
La ví la semana pasada y me gustó mucho.
También yo interpreté como tú que cuando al final de la peli se desprende de la caja es como si se desprendiera de un lastre, de miles de cosas de los demás que la cargan pero no le dan a ella nada bueno.
Pero aún así, no me gustó que abandonara la caja. No me gustó nada. Llevaba demasiado tiempo recogiendo, guardando cosas, ahí con su pegamento poniendo los papelitos... no me gustó nada que lo abandonara todo. Quizás porque yo no sería capaz de dejar mi (mis) cajas.
Un beso Lluviané.
Cristina, coincido contigo en que me habría gustado que la caja se la quedara, que la hubiera hecho un poco suya, parte de ella. Tan sólo le encuentro la explicación que di. Para qué guardar objetos de otras personas, de otras vivencias, es mejor soltar peso.
Tampoco me gustaría desprenderme de “mis cajas”, para lo bueno y malo, son mis recuerdos.
Un beso
Estoy de acuerdo con esa última frase, nostalgia de lo no vivido. Voy tras esa película, sospecho que me va a enseñar muchas cosas y me voy a ver identificado.
Besitos.
Publicar un comentario