
“Obsesión del paso del tiempo.
¡Pensar que cada instante que pasa ha pasado para siempre!
¡Pensar que cada instante que pasa ha pasado para siempre!
Esta observación es trivial. Sin embargo, deja de serlo cuando la rumias tumbado en la cama y piensas en ese preciso instante, que se te escapa, que se hunde irremediablemente en la nada. Entonces te dan ganas de no levantarte nunca más y, en un acceso de sabiduría, piensas en dejarte morir de hambre.
Yo percibo físicamente la caída de cada instante en lo irreparable. Y después pienso en tal o cual pasaje de mi infancia: ¿dónde está el que fuí? Somos tan insustanciales como el viento, y, por mucho que escribamos poemas o corramos tras las verdades, sólo son reales las certidumbres de la inanidad.
¡Todo es vano, salvo el pensamiento de la Vanidad!”
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Yo percibo físicamente la caída de cada instante en lo irreparable. Y después pienso en tal o cual pasaje de mi infancia: ¿dónde está el que fuí? Somos tan insustanciales como el viento, y, por mucho que escribamos poemas o corramos tras las verdades, sólo son reales las certidumbres de la inanidad.
¡Todo es vano, salvo el pensamiento de la Vanidad!”
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