Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.
Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.
Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes.
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No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
2 comentarios:
Me encantan los niños pequeños por varias razones, una de ellas es que no hay un regalo que los encadene, salvo que la presión de los mayores así se lo quiera imponer, lo cual a todas luces es lamentable. Un beso
Así es Beto, los niños están libres de cadenas, si somos lo suficientemente abiertos de mente como para no condicionarlos sobretodo con regalos “rosas” o “azules” por puro convencionalismo.
Porque… ¿Por qué no puede dar patadas a un balón una cría y sentirse de maravilla?
Y sobretodo lo mejor que podemos hacer con ellos, es educarlos sin querer que o bien sean un reflejo de uno/una misma, o que sean aquello que no pudimos o no logramos ser. Tienen, deben, ser ellos mismos. Éste, es el mejor obsequio.
Y J. Cortázar describe sensacionalmente como un objeto pequeñito, o cualquiera, puede de múltiples manera encadenarnos hasta sentirnos “el regalado”. Un beso
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