martes, 20 de mayo de 2008

Ángeles Mastretta-Mal de amores


Vivieron varios años regidos por la desazón de que sus cuerpos, tan hábiles para encontrarse, no lo eran para salir de sí mismos, hasta que un día trece, Josefa se vistió de madrugada, y cuando su marido abrió los ojos al deber de hacerle un hijo, encontró vacío el lugar que ella entibiaba con su cuerpo en el lado izquierdo de la cama.

–Ya no juego –dijo al verlo entrar a la cocina, buscándola con el asombro todavía en la cara–.
Abre la botica.

2 comentarios:

Manderly dijo...

Es muy triste cuando se está solo y más triste aún estando con alguien, pero estando con alguien sin que te des cuenta, como si fuera una rutina, como la rutina de salir de casa y mecánicacmente cerrar la puerta tras nosotros.
¿cuántas veces salimos de casa y no nos acordamos de si habíamos cerrado la puerta o no? Eso es la triste rutina y a veces en algunos casos una triste realidad.

Lluviané dijo...

Sí, no hay mayor soledad que la soledad de dos.

La rutina, es uno de los males de las relaciones junto con la comodidad...

Alimentar hogueras a diario es un gran esfuerzo, que a veces no estamos dispuestos a hacer.