miércoles, 21 de mayo de 2008

Sándor Márai-La extraña

En la cima de la isla, sumido en aquella iluminación insólita y alarmante, se sintió solo por primera vez en su vida.
Eso lo sorprendió. Sus amigos solían considerarlo “una persona solitaria”.
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Ahora le pareció que no había tenido ni idea de lo que era la soledad, había vivido en medio de un gran tumulto desde el momento de nacer.
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Aquello era por fin la soledad: lo que le rodeaba allí, aquel crepúsculo incoloro y agonizante, aquel silencio denso y oleoso, y allá abajo el mar, cuya inmensa superficie reflejaba el vacío del cielo; y él, al fin, podía agarrase a aquella costa como un náufrago al arrecife”.


3 comentarios:

Manderly dijo...

A parte de, algunas veces, sentirse uno muy solo cuando está rodeado de gente creo que donde más solo puede sentirse alguien es en medio del mar. ¿No te parece? ¡Es tan inmenso el mar y casi tan infinito!

Lluviané dijo...

El mar puede producir sensaciones de soledad, pero a la vez de una paz inmensa.

Para los que somos de tierra adentro, y no lo disfrutamos a diario, estar, mirar, pero sobretodo escuchar el mar es una sensación muy cálida (pero en sus orillas). Invita a pensar.

Dentro, ya son otras sensaciones, de soledad, e incluso de miedo, por esa inmensidad que citas.

Me gusta el mar.

Manderly dijo...

Pues para los que vivimos cerca del mar también es una sensación extrana el que cuando llegamos a una ciudad que lo tiene o a una playa de la región, el olor a mar es algo increíble. Y cada mar huele y tiene su propio color, aunque quizás no nos fijemos en ello.