jueves, 15 de mayo de 2008

Umberto Eco-El nombre de la rosa (fragmento)

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Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí.
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A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante.
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Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo.

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-Pero entonces --dije-, ¿de qué sirve esconder los libros, si de los libros visibles podemos remontamos a los ocultos?
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Si se piensa en los siglos, no sirve de nada. Si se piensa en años y días, puede servir de algo. De hecho, ya ves que estamos desorientados.
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-¿De modo que una biblioteca no es un instrumento para difundir la verdad, sino para retrasar su aparición? -pregunté estupefacto.

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-No siempre, ni necesariamente. En este caso, sí.

2 comentarios:

Manderly dijo...

Tengo que confesar que no he leído el libro :-(
...pero sí que he visto la película, así que más o menos sé de qué trata El nombre de la rosa.

Por cierto, que me encantan las bibliotecas antiguas. Siempre que voy de viaje visito alguna, si me es posible. Hace unos días re-visité la biblioteca de la Universidad de mi ciudad. Llega de libros antiguos, ya casi relequias... y esas escaleras...

Lluviané dijo...

Yo si lo leí hace ya bastante tiempo.Es un muy buen libro.

Como suele ocurrir en muchísimas ocasiones, el libro supera a la película, aunque me gustó bastante.

Me encanta todo lo que sean letritas, en bibliotecas, librerías, hasta por los kioskos... voy buscando a veces.